27 agosto, 2009

LOS MEJORES MINUTOS MUSICALES DEL 2008

Sigo en mi empeño de terminar el repaso al año 2008 y ahora le toca el turno a la música.





Portishead / Third
Quizá no sea el mejor disco de Portishead, pero sí el mejor que podían entregar tras 10 años de silencio. Me explico: si después de tanto tiempo hubieran vuelto para hacer exactamente lo mismo que antes, habría sido otra de esas reuniones de viejas glorias a las que últimamente estamos tan malacostumbrados. Pero a Portishead se les puede acusar de todo menos de acomodaticios y, si han vuelto, ha sido para reinventarse, no para sacar rédito a su legado; así que adiós al trip-hop y bienvenido sea el… eh, bueno, mmmm, ejem… la verdad es que todavía no sé como definirlo, pero a los del Rockdelux les gusta llamarlo “krautrock”. Podrían haber dicho “rock experimental”, que es más o menos lo mismo, pero la verdad es que “krautrock” suena tan raro, raro, raro como el último disco de los de Bristol, así que se me antoja que es el término más adecuado para referirse a él. Lo de “rock experimental” suena muy general y muy temible, así que añadiré para matizar que, aparte de guitarras desgarradas, podrán encontrar atmósferas enrarecidas y bases rítmicas ideadas por los torturadores de la cárcel de Guantánamo, pero debajo de todo eso, o por encima según se mire, se encuentran unas canciones preciosas y la turbadora voz de ultratumba de Beth Gibbons. Al final, tras unas primeras escuchas que desconciertan, uno le acaba pillando el punto a su parte más orgánica; es decir, lo que tiene de rock visceral, de pop melódico y de folk telúrico. El disco se acaba haciendo adictivo porque todo lo demás que escuchas te parece tan jodidamente convencional…






The Last Shadow Puppets / The Age Of The Understatement

Los discos de revival no suelen puntuar al alza entre la crítica más sesuda, sobre todo si se trata de revival sesentero y no ochentero, que está más in, como es el caso. Tampoco creo que los imberbes compañeros de generación de Alex Turner, que constituye el grupo duro de fans del conjunto madre del de Shefield (los ya archiconocidos Arctic Monkeys), se tomen demasiado bien este giro hacia el pop maduro en su carrera. The Age Of The Understatement es, por tanto, un delicioso capricho de uno de los tipos más inquietos y talentosos de los surgidos en la escena musical pop británica durante lo poco que llevamos de siglo. Que un tipo de 22 años tenga entre sus ídolos a Scott Walker no deja de tener su gracia y que, a tan corta edad, se marque un disco de pop orquestal emulando a un icono de los 60 y salga vivito y coleando del intento tiene mucho mérito. Para los neófitos, Scott Walker es un intérprete y compositor con una gran voz de barítono que, a pesar de su origen estadounidense, desarrolló su carrera y triunfó en el Reino Unido, primero con The Walker Brothers y más tarde en solitario. Su música se caracteriza por la exuberancia orquestal. Grabó, por ejemplo, un gran disco de versiones de Jacques Brel o interpretó con buena fortuna algún que otro tema de mi admirado Burt Bacharach (Any day know, Make it easy on yourself), aparte de lucirse como compositor en discos que suelen figurar entre los mejores del Siglo pasado, tal es el caso de Scott 3.

Según confesión propia, la intención de Alex Turner y su compinche en el asunto, Miles Kane de The Rascals, era facturar uno de esos discos de madurez que las viejas glorias del rock suelen grabar al final de su carrera (sin ir más lejos, Ray Davies acaba de sacar un disco de versiones orquestales de unos cuantos temas de The Kinks, The Kinks Choral Collection), pero aprovechando que todavía mantienen la energía y la inspiración de la juventud. Y el resultado no puede ser más humillante para ciertos dinosaurios del rock: un inapelable conjunto de potenciales singles con unos maravillosos arreglos orquestales y una cuidada estética entre The Beatles y los ya mencionados The Walker Brothers, como se puede apreciar en los muy recomendables vídeos que les dejo a continuación. Todo ello ha hecho que muchos prefieran The Last Shadow Puppets a Artic Monkeys, y la verdad es que no me extraña, sobre todo teniendo en cuenta que estos últimos en su tercer disco de reciente publicación (Humbug) han dado un giro hacia un rock más oscuro y denso que nada tiene que ver con la frescura que lucían los monos árticos en sus dos primeros LP’s, especialmente en el primero. Se salvan de la quema gracias a ciertos ramalazos de psicodélia (Crying Lightning) y a que parece que últimamente Alex Turner ha estado escuchando a The Smiths (Cornerstone), que si no…

Descarga Directa





Y mi favorito:

19 agosto, 2009

PREMIOS Y HOMENAJES: LA ETERNA POLÉMICA

Sylvester Stallone protagonizando una campaña simultánea contra el uso y abuso de anabolizantes y vótox.




A raíz del homenaje que Silvester Stallone recibirá en la próxima Mostra de Venecia en reconocimiento a toda su carrera, se me ha ocurrido que era una buena ocasión para compartir con el mundo algunas ideas acerca de los premios cinematográficos.

Nunca he sido de esos cinéfilos altaneros que miran los premios por encima del hombro. Asumo que el cine tiene una parte comercial a la que no puede ni debe renunciar y tanto los Festivales Internacionales como los premios que entregan las diversas academias cinematográficas, con los Oscar de Hollywood a la cabeza, es cierto que explotan el aspecto más populista del séptimo arte, pero creo que cumplen una labor sociológica necesaria para que el arte más popular del Siglo XX, junto a la música, siga manteniendo ese estatus en el Siglo XXI. Dicho de otra manera, no soy de esos elitistas a los que les avergüenza que su forma de expresión artística favorita sea, a su vez, un expectáculo de masas; sino que me alegro por ello, ya que eso garantiza su vitalidad durante muchos años.

En definitiva, soy un poco como Tarantino (evidentemente, salvando las distancias): me gusta tanto el cine que disfruto de todos sus aspectos, incluyendo los más frívolos. Cuando le veo sobre la alfombra roja de Cannes pasándoselo tan bien, pienso: “este tío sí que sabe”.





¡Tarantinooorrrrrllllllllllllll!


Eso implica, por supuesto, que me alegre como un niño en día de Reyes cuando premian a alguien que me gusta y que me agarre algunos cabreos totalmente irracionales cuando, sin embargo, los galardones reconocen el trabajo de alguien que considero un cáncer para el arte cinematográfico. Todo ello forma parte de la diversión y, total, dentro de 40 años, presa del Alzheimer, ya habré olvidado que Titanic ganó en los Oscar a L.A Confidential.

Por otro lado, no soporto a esa gente que siempre reniega de las entregas de premios y que, de repente, cuando el homenajeado es alguien al que admiran sienten que, al fin, se ha hecho justicia. Un poquito de coherencia, por favor. Los premios no están para hacer justicia nunca.

De hecho, que al grupo de gente que ha de decidir el palmarés en los festivales se le llame jurado es un grave error, ya que es imposible impartir justicia cuando no existe un canon de calidad preestablecido. Cada obra debe ser juzgada en su contexto y, por eso quizá, en el marco de un festival lo más justo sea premiar a obras que no destaquen solo por su calidad, sino también por las pocas posibilidades que tengan de llegar al gran público. Lo malo es que muchas veces se mira más esto último que lo primero. Es decir, se premia más la cinematografía pequeña y exótica que la calidad intrínseca del producto. Se cree que los premios dotarán de prestigio a esa cinematografía, pero se parte de una premisa que considero totalmente falsa.

Normalmente, la gente piensa que los premios están para darle prestigio a aquel que los recibe, pero yo creo justo lo contrario: son los premiados los que le dan pretigio a los premios. ¿Por qué creo que los Oscar siguen manteniendo su prestigio? ¿Por ser el galardón más importante que puede recibir un cineasta? Pues claro que no, es porque de vez en cuando premian a gente como Martin Scorsese, los hermanos Coen, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Woody Allen, Clint Eastwood, Michael Caine, Sean Connery, Burt Bacharach, The Beatles… y un larguísimo etcétera de cineastas, guionistas, actores, músicos y técnicos de enorme talento. También es verdad que más a menudo de lo que uno desearía se cuela algún indeseable entre tan destacado grupo (llámese James Cameron o Roberto Benigni), pero eso forma parte de su gracia. Lo que decía antes: los premios no están para impartir justicia, aunque un poco de sentido común no vendría mal a veces.

Los Oscar tardaron años en recuperar su prestigio después de esto y cuando lo habían conseguido llegó Slumdog Millionaire.




Siguiendo la misma regla de tres, cualquier ceremonia de entrega de premios caerá en el desprestigio si, sistemáticamente, se dedica a repartir estatuillas teniendo más en cuenta el carácter exótico del producto que su calidad real, como le ocurre al Festival de San Sebastián o como ocurrió hace unos años con la moda del cine iraní encabezada por el hoy casi olvidado Abbas Kiarostami. Pero peor aún son esas ceremonias infectas, como los premios de la MTV, Grammys y demás, ya que, de hacerles caso, llegaríamos a la conclusión de que la mejor banda de rock de todos los tiempos es U2 (y encima no gracias a sus primeros y mejores discos, sino a los últimos, ¡!), que la mejor cantante es Madonna o que el mejor actor es el chico ese de Crepúsculo que ni sé cómo se llama ni me voy a molestar en guguelearlo. Y no hablo de los saraos españoles porque me entra la taquicardia.




Gafas Rayban: 100$ - Camiseta discretita: 3$ en el rastro - Peinadito a la moda: 10$. Ver a Sly en plan chulo-playa ochentero no tiene precio.



Y en esto llega la polémica decisión de los organizadores de la Mostra de Venecia de rendir tributo a Sylvester Stallone. Nadie le va a discutir a este tipo que unas veces se pone delante de la cámara y otras detrás (noten como evito llamarle actor y director) su carácter de icono cinematográfico. Lo que pasa es que se trata de un icono risible y patético. Si hay un título que merece Sly es el de Rey de la Comedia Involuntaria. Hasta él, tras varios intentos fallidos de hacer comedias voluntarias (alcanzando cotas dignas de una tarde de domingo de agosto en La Sexta, como Alto o mi madre dispara, Oscar o Tango y Cash), se ha dado cuenta de que lo que realmente le gusta a la gente es verle hacer el ridículo por enésima vez en Rocky Balboa o Rambo IV. De hecho, ese regodeo, esa inmersión sin flotador en el patetismo más absoluto es lo que ha podido llevar a los organizadores del evento veneciano a ver en su obra “originalidad y ternura”. Eso, y las drogas duras, claro.

Aunque yo creo que, si Sylvester Stallone merece un homenaje de verdad, es por esto:



¡Coño, qué largo me ha quedado! Pero después de tanto tiempo sin escribir qué querían.

17 marzo, 2009

EJEM, COMO DECÍAMOS AYER...

Estatua de Fray Luis de León frente a la fachada de la Universidad de Salamanca a la que nadie presta atención porque están demasiado ocupados buscando la famosa rana.


No es que yo haya estado retenido durante todos estos meses por la Inquisición, no tengo motivos tan nobles como los de Fray Luis de León para haber permanecido ausente durante todo este tiempo; así que, simplemente, les pido perdón por mi dejadez.

Me quedé colgado en el repaso al año 2008 y mi intención es terminar lo que empecé, pero aligerando el ritmo para ir dando paso a la actualidad.


Pero basta de preámbulos, al grano. Como prometí hace tiempo, el próximo capítulo del repaso cinematográfico del 2008 está dedicado a la lista de Pequeñas y Grandes Decepciones, así que hagamos un pequeño viaje al pasado (al menos, habrán tenido más tiempo para ver las pelis en DVD, si no las vieron en el cine):



PEQUEÑAS Y GRANDES DECEPCIONES

Son películas que, aunque fueron realizadas por algunos de mis directores favoritos o venían precedidas de grandes alabanzas y prestigio internacional, me dejaron frío. Algunas de ellas (léase: Antes que el diablo sepa que has muerto, Pozos de ambición o El caballero oscuro) figuraron en muchas listas de lo mejor del año. No es que piense que se trata de malas películas, solo que, a pesar de aciertos parciales, no cumplieron las expectativas generadas en torno a ellas.









LOS CRÍMENES DE OXFORD (Álex de la Iglesia)
No solo se trata de la película más impersonal de Álex de la Iglesia, sino que tampoco funciona como simple filme de misterio. El director español más dotado de su generación pretendía comportarse como un simple entertainer, pero al quedar despojado de sus elementos característicos lo único que ha sido capaz de entregar es un thriller del montón, tramposo y efectista. Espero que La Marca Amarilla le inspire algo mejor, ya que, aunque las circunstancias de producción serán parecidas, se trata de un proyecto que le toca algo más la fibra.











MONSTRUOSO (Matt Reeves)

La campaña viral a través de la red fue brillante, pero el resultado final no me parece más que una atracción de feria poco excitante. Al menos, Rec., la película con la que resulta inevitable compararla, sí proporciona una experiencia realmente intensa, casi a la altura de la memorable La matanza de Texas. Lo que se demuestra es que no basta con el rodaje cámara en mano y unos currados efectos especiales para empatizar con el espectador, es fundamental una buena dirección de actores, unos personajes mínimamente creíbles y dejarse de historias amorosas metidas con calzador. Lo que importa es el bicho y las matanzas, Matt Reeves, ya lo sabes para la próxima vez. Salvaría la magistral composición de Michael Giacchino para los créditos finales, el primer ataque que sorprende a los personajes en la fiesta (lo que sirvió de trailer, vamos), algún que otro ataque de los bichos y el rescate de auténtico vértigo por los edificios en ruinas. Ah, curiosidad, juraría que el monstruo que ataca a James T. Kirk al llegar al planeta helado en Star Trek es el mismo de Monstruoso. J.J. Abrams es muy dado a los guiños propios y ajenos.





POZOS DE AMBICIÓN (Paul Thomas Anderson)
Reconozcámoslo, Paul Thomas Anderson siempre ha sido algo megalómano. En Sidney y Boogie Nights quiso recordarles, a los por entonces despistados Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, respectivamente, como se hacía una buena película siguiendo su libro de estilo y, voilà, lo consiguió. Luego tocaba emular a otro de sus maestros, Rober Altman, y con Magnolia superó con creces lo conseguido por el texano, ya que a Mr. Anderson le sobra algo que al sobrevaloradísimo Altman le faltaba, talento para colocar y mover la cámara. Y llegamos a Pozos de ambición, saltándonos, si me permiten, la vista y casi olvidada Punch Drunk Love, una comedia atípica, que es como se suele denominar eufemísticamente a las comedias que no hacen gracia. There Will be Blood (el título que el film tenía antes de que los distribuidores españoles lo cambiaran por otro digno de un culebrón venezolano) es como si Kubrick hubiera pretendido hacer la gran película americana. Y a este tipo de pelis lo que les pasa es que no tienen término medio: o te parecen obras maestras o se te atraganta tanta pretensión megalomaníaca. A mí me pasó lo segundo, pero lo mismo otro día la vuelvo a ver y le acabo pillando el punto; hay que darle tiempo al que, probablemente, sea el director más talentoso de su generación.





SWEENEY TODD, EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET (Tim Burton)

Este es un caso extraño. Es una película sin tacha, todo los elementos individualmente considerados rozan la perfección: los actores, la fotografía, la estética, la dirección con mano firme de Burton, todo es lo que debe ser y está donde debe estar. ¿Por qué, entonces, el resultado final me pareció algo soporífero? Pues solo encuentro dos explicaciones: la primera sería la parte musical (no es que tenga nada en contra de los musicales, al contrario, pero es que en este caso las canciones, más que animar la función, le confieren un tono operístico con el que no congenio); la segunda posible causa de mi desencanto estaría relacionada con la primera y es que ese tono grandguiñolesco, ese contínuo teatro del horror sin propósito se me acabó haciendo algo cansino.






EL CABALLERO OSCURO (Christopher Nolan)
El esfuerzo de Christopher Nolan por conferir a un filme de superhéroes un tono de thriller realista al estilo de los que se realizaban en los años 70 resulta loable, pero, en mi opinión, equivocado. Al fin y al cabo, se está contando la historia de unos tipos que salen disfrazados y pintados como puertas a darse de mamporrazos. No sé, un poco más de sentido del humor no le habría venido mal. Además, Nolan es un grandísimo narrador, pero su fuerte no son las escenas de acción, ninguna resulta especialmente brillante. Y eso por no hablar de ciertos saltos en el guión poco o nada justificados. El porqué una obra maestra como The Prestige pasó casi inadvertida mientras El Caballero Oscuro recibía alabanzas ditirámbicas es algo que se me escapa.






MIL AÑOS DE ORACIÓN (Wayne Wang)
Peliculita que cuenta una historia bastante manida dentro de la tradición del cine oriental: la relación entre un padre atado a la tradición y una hija absorbida por la moderna forma de vida occidental. Homenaje (reconocido) al cine de Ozu que no alcanza ni con una onda la grandeza del genio japonés. Deja la sensación de que se trata de un bonito corto innecesariamente alargado… y eso que dura menos de 90 minutos, lo cual en estos tiempos es algo excepcional. Still Walking, eso sí que es un Ozu sin Ozu en el que Kore-eda es capaz de mantener un diálogo de tú a tú con el maestro. Ya hablaré más ampliamente de ella algún día.





UNA CHICA CORTADA EN DOS (Claude Chabrol)
Seguro que esta peli tenía algún detalle interesante, pero, sinceramente, lo he olvidado. Ah, sí, ya recuerdo, salía la sabrosa Ludivine Sagnier, que se enrollaba con un señor mayor (Fran Berléand) y era perseguida por el chulesco ricachón del pueblo (Benoit Magimel). Con Chabrol he ido pasando del entusiasmo inicial con El Infierno o La Ceremonia a una creciente indiferencia. Sus películas resultan agradables de ver, pero cada vez más rutinarias.






HONEYDRIPPER (John Sayles)
¿John Sayles fue el director de aquella maravilla llamada Lone Star o de la deliciosa El secreto de la isla de las focas? Cada vez resulta más difícil de creer. Este bienintencionado cuento sobre los orígenes del Rock‘n’Roll sabe a oportunidad perdida; la idea de partida es de lo más atractiva, pero el resultado es tan insípido y previsible que da rabia.




ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (Sidney Lumet)
Oscuro film que, en mi opinión, se ve malogrado por unos saltos temporales excesivamente subrayados a base de efectos sonoros y de montaje. Yo me sentí como si el director me dijera constantemente: “eh, idiota, no te pierdas, que ahora vamos atrás en el tiempo”. Por otro lado, adolece de una sobrecarga de gravedad que acaba dinamitando la credibilidad de una historia, la del golpe imperfecto, que para más inri ya había sido visitada por autores más inspirados; tales son el Quentin Tarantino de Reservoir Dogs o, sobre todo, los Coen de Fargo. Un poco de sentido del humor negro no le habría venido mal a tan rocambolesca peripecia vital, pero Sydney Lumet opta por un tono a lo tragedia griega que, unido a una narración que complica, más que explica, una historia en el fondo bastante sencilla, da como resultado uno de los films más pretenciosos de la pasada temporada.

14 enero, 2009

MIS 10 PELÍCULAS FAVORITAS DEL 2008

Siento esta larguísima e injustificada ausencia. Desde que tengo internet y un iPod Classic de 120 GB casi todo mi tiempo ante la pantalla del ordenador lo paso descargando música o transfiriendo mi colección de CD's a ese endiablado aparato creado por ese genio llamado Steve Jobs.

Pero no podía faltar a esta gran tradición del mes de Enero, así que me he puesto las pilas. Llego un poco tarde, lo sé, pero eso me ha permitido escoger algunas películas que no he visto en otras listas a manera de reivindicación.



10. HELLBOY 2: EL EJÉRCITO DORADO (Guillermo del Toro)
Ni El Caballero Oscuro ni Iron Man, mi película-cómic de este año es este abigarrado film en el que Guillermo del Toro confirma que se encuentra en el momento más dulce de su carrera. Como se suele decir, es una segunda parte corregida y aumentada en la que el director mejicano despliega toda su imaginería monstruosa en un ejercicio de estilo entretenidísimo, plagado de humor, guiños cinéfilos y sentido de la acción. Cuando Hellboy hace pop, ya no hay stop.

9. 4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS (Christian Mungiu)
No he dado con otra película europea de este año que me resulte más convincente. No solo se trata de dar una visión realista de la Rumanía de Ceaucescu, sino que constituye toda una lección sobre el uso del plano secuencia y el fuera de campo.

8. SOY UN CYBORG (Park Chan-wook)
Un Terry Gilliam sin Terry Gilliam y en coreano. Una deliciosa locura naïf que sirve de contrapunto al cinismo mostrado en la trilogía sobre la venganza por el director de Oldboy. Por cierto, se habla de remake de éste último film a cargo de Steven Spielberg, con Will Smith de protagonista. La polémica está servida, así que voy a ir echando un poco de leña al fuego: Spielberg la hará mejor.

7. ALIENTO (Kim Ki Duk)
Otro gran director coreano que sigue contando historias de amor extremas y haciendo sentir al espectador como si estuviera observando por el ojo de una cerradura el extraño comportamiento de los personajes. ¿Cómo resultar inquietante y profundamente romántico a la vez? En el cine de Kim Ki Duk está la respuesta.

6. EL INCIDENTE (M. Night Shyamalan)
Contiene un arranque cautivador, de lo mejor visto el año pasado, pero, una vez establecido el entorno en el que se va a desarrollar el drama, nos encontramos con una serie de escenas algo ridículas al lado de otras que nos recuerdan quien se encuentra tras la cámara. Ejemplo de lo primero: la serie de gente suicidándose con una pistola, la filmación del iPhone o el suicidio retransmitido telefónicamente; ejemplo de lo segundo: el coche chocando contra el árbol o el tramo final con esa anciana tan "hospitalaria". Irregular, sí, pero Shyamalan sigue siendo mucho Shyamalan. Solo el que arriesga se equivoca.

5. CINTURÓN ROJO (David Mamet)
Un film a contracorriente y a contratiempo, pero no a contrapié porque David Mamet no tropieza en esta historia donde habla de la ética de los luchadores de artes marciales como metáfora de un mundo en el que es muy difícil mantener la integridad cuando estás rodeado de podredumbre moral. Grandes diálogos marca de la casa y un uso del formato panorámico con sabor a thriller setentero constituyen sus mejores bazas junto a Chiwetel Ejiofor, que ofrece una de las interpretaciones más potentes del año. También es justo apuntar la presentación en sociedad de la atractiva Alice Braga.

4. CHE, EL ARGENTINO (Steven Soderbergh)
La verdad es que no comprendo la tibieza crítica con la que ha sido recibido este film de Soderbergh. Para mi entender, es lo mejor filmado por él desde Traffic. Yo me olvidé de la polémica en torno al personaje absorvido por unas fascinantes imágenes, unos inesperados brotes de comedia y la magnética actuación de un inconmensurable Benicio del Toro, que además está rodeado por un grupo de actores, mayoritariamente cubanos, mexicanos y españoles, en estado de gracia. Demián Bichir resulta algo paródico en su acercamiento a la figura de Fidel Castro, pero es que lo clava, y sorprenden gratamente el normalmente inexpresivo Rodrigo Santoro, como Raúl Castro (no se quejará el hermanísimo del aspecto que le han dado en la película) y, sobre todo, un divertidísimo Santiago Cabrera (el pateable pintor Isaac Méndez de la depauperada serie Héroes) como Camilo Cienfuegos. La modélica filmación de la toma de la ciudad de Santa Clara en la parte final del film te deja con ganas de más y, por fortuna, tras muchas dudas y rumores de que Che, Guerrilla iba a salir directamente en DVD, tenemos fecha de estreno en cines españoles: el 27 de febrero.

3. EL TREN DE LAS 3:10 (James Mangold)
En mi opinión James Mangold sigue una vía que revitaliza el género sin traicionar sus claves principales. Coge del western el entorno mítico, pero los personajes resultan más modernos y complejos de lo habitual en los films clásicos. Las interpretaciones de Christian Bale y Russell Crowe no decepcionarán al que piense, como yo, que se trata de dos de los mejores actores del cine moderno.

2. WALL-E (Andrew Stanton)
Me parece exagerado decir que es el mejor filme de la Pixar, pero puedo entender perfectamente que algunos lo consideren así porque la escasez de diálogos hace que el virtuosismo de la animación y el sonido destaque más que nunca. Por si eso fuera poco, Thomas Newman ha compuesto la banda sonora del año, ¡Oscar, ya! Quizá la historia sea más inocente que otras veces, pero el enorme ingenio que ha acompañado siempre a la productora del flexo saltarín continúa intacto. La grandeza de Kubrick, el humor y el romanticismo inocente de Chaplin y una capacidad para ponerlo todo patas arriba como sin querer que recuerda a la comicidad de Tatí o Buster Keaton se dan la mano en un todo, francamente, irresistible.

1. NO ES PAÍS PARA VIEJOS (Joel & Ethan Coen)
Ya lo dije en su momento, iba a ser difícil que saliera otra película a lo largo del año que me hiciera disfrutar más que ésta. No es que yo sea de ideas rígidas, pero no ha habido nada que me hiciera cambiar de opinión.
Próximo capítulo (si Steve Jobs quiere): PEQUEÑAS Y GRANDES DECEPCIONES

30 noviembre, 2008

LOS MEJORES MINUTOS MUSICALES DEL 2008

Quizá sea un poco pronto para ir haciendo balance del 2008, pero más vale ponerse pronto a ello para que luego no nos pille el toro. Además, hace un mes que veo roscones de reyes en los escaparates de las pastelerías, y a eso sí que le llamo yo adelantarse más de la cuenta.

Más que hacer una lista de lo mejor del año, lo que pretendo es hacer unas cuantas recomendaciones escogidas entre lo que he tenido la oportunidad de escuchar. Tiene que ser así porque, si ya es difícil hacer un seguimiento a los estrenos cinematográficos más interesantes, no digamos ya hacer lo propio con los cientos de discos que se publican cada año.

Como mandan los cánones de la buena educación, empezaremos por los más viejunos y, más concretamente, por una gran dama, una leyenda, un mito viviente, la musa del Swinging London y, como vuelve a demostrar en Easy come, easy go una gran y particular intérprete:

Marianne Faithfull




Entre la imagen superior y ésta...




...han pasado varias décadas. El desgaste ha sido tanto físico como emocional y ambos han ido dejando huella en su quebradiza voz; algo que podemos apreciar mejor escuchando la misma canción interpretada en 1965 y más tarde en 1999.

1965: As tears go by, bonito tema originalmente compuesto por el dúo Jagger-Richards para The Rolling Stones en respuesta, se dice, al Yesterday de The Beatles. En el vídeo que podrán ver a continuación la presentación y posterior entrevista con la cantante corre a cargo, nada menos, que de Brian Epstein. Puro Swinging London, mítico.







1999: As tears go by, el mismo tema interpretado esta vez junto a Johnny Marr, guitarrista de The Smiths.






La voz cascada y aguardentosa la hace parecer una versión femenina de Tom Waits, pero no acaban ahí las semejanzas. Las fuentes musicales de las que beben la londinense y el californiano son las mismas: jazz, blues, country-folk, cabaret, rock, Gershwin, Porter… Rodeada de una gran banda y de una lista de colaboradores que pone los pelos de punta (Nick Cave, Cat Power, Rufus Wainwright, Antony Hegarty, Jarvis Cocker y el entrañable y fiel amigo de toda la vida Keith Richards), Marianne Faithfull despliega toda su sensibilidad y buen gusto para extraer lo mejor de un conjunto de canciones que abarcan todos los estilos antes mencionados y todas las épocas de la música popular del siglo xx, de Duke Ellington (la escalofriante Solitude) a Brian Eno (How many worlds), pasando por el dúo Leonard Bernstein-Stephen Sondheim (Somewhere del musical West side story), Smokey Robinson o (¿casualidad?) nuestro siguiente protagonista:

Randy Newman



Como muchos miembros de nuestra generación, descubrí a Randy Newman a través de las bandas sonoras para las películas de la Pixar. La fructífera colaboración con la famosa productora comandada por John Lasseter comenzó con Toy Story y, de momento, ha llegado hasta Cars. También es conocido por pertenecer a la mayor saga familiar de músicos que ha dado Hollywood; es sobrino de Lionel, Emil y Alfred Newman (uno de los grandes, compositor, entre otras muchos clásicos, de la famosa fanfarria de la 20th Century Fox) y es primo de Thomas (Wall-E, Buscando a Nemo, American Beauty) y David Newman (compositor de cabecera de Danny de Vito, suyas son las excelentes partituras de La guerra de los Rose, Matilda y la infravalorada Smoochy). También es famoso Randy Newman por el récord de haber sido 15 veces nominado al Oscar sin ganar ninguna, racha negativa que se rompió cuando al fin ganó con el tema If I didn’t have you de Monstruos S.A., uno de sus mejores trabajos para la Pixar, aunque la canción quizá no estaba a la altura de otras anteriores y quedó la sensación de que se trataba, más que nada, de un merecedísimo premio a toda su carrera. Con estos antecedentes, y sabiendo que la carrera de nuestro hombre lejos del cine había sido un continúo fracaso, me enfrentaba yo a Harps and angels, el primer disco sin relación con el cine que escuchaba del autor angelino.


Y me encontré con el mismo encanto modesto y bonachón de su música cinematográfica, pero enriquecido con una mayor variedad y libertad en los arreglos. Como en el disco de Marianne Faithfull del que escribíamos antes la música es tradicional, pero jamás suena previsible o rancia, sino fresca y vivaz, llena de recovecos que la alejan de lo convencional.


Y estos han sido mis veteranos favoritos de este año, otro día volveré con los más jóvenes.

16 noviembre, 2008

DESCUBRIENDO A MARIO MONICELLI

Gracias al ciclo programado por la Filmoteca Española he podido ver tres de las películas dirigidas por uno de los grandes de la llamada Commedia all’italiana. Quizá por haber dedicado gran parte de su producción a ese género tan denostado a veces, su obra no gozaba del prestigio que sí tenía la de otros autores italianos como Luchino Visconti o Federico Fellini. Que yo recuerde, sus películas nunca han sido programadas con regularidad en televisión ni se han editado en DVD, al menos en España. Pero eso es algo que se está intentando corregir ahora, empezando por la retrospectiva que le ha dedicado el Festival de San Sebastián de este año y siguiendo por el citado ciclo de la Filmoteca. Espero que eso se traduzca pronto en unas buenas ediciones en formato digital para que todos podamos disfrutar del interesantísimo cine de este superviviente de la era dorada del cine italiano que este año cumplió la friolera de 93 años. Por desgracia, no pude ver La gran guerra y La Armada Brancaleone, consideradas con unanimidad sus obras maestras, pero lo que he visto me parece sufiente para reivindicar a un director y guionista que me ha hecho disfrutar de algunos de los mejores momentos vividos en el cine este año.






LAS INFIELES (1953)
Curioso film que comienza como una comedia constumbrista para ir adentrándose poco a poco en el terreno del film noir cuando el protagonista, un joven detective de poca monta, ve la oportunidad de sacar tajada a los secretos que guardan celosamente los miembros de la anquilosada clase burguesa por miedo a perder su posición social. Historia de arribismo, por tanto, que le sirve a Monicelli para adentrarse en el desolador paisaje ético de la sociedad italiana de posguerra. Presentar a un protagonista tan antipático y conjugar diferentes géneros y tonos (comedia, melodrama, romanticismo, cine negro) son audacias que entroncan este film con la mejor serie B norteamericana de la época, y llegando hasta el presente uno piensa que esta película le debe gustar mucho a Andrea Camilleri.



PADRES E HIJOS (1957)
Partiendo del tema de las relaciones paternofiliales y de los consiguientes conflictos generacionales, Monicelli construye un guión de hierro entrelezando varias historias, entre las que destaca la protagonizada por un impagable Vittorio De Sica, cuyo personaje resulta más infantil que sus propios hijos (sobre todo que su hijo, con el que discute constantemente sobre cómo deben educar a la pequeña de la familia). Sus esfuerzos por responder a la imagen de lo que se entiende por un padre responsable son lo más divertido de un filme que abunda en momentos de aquellos que despiertan la carcajada cómplice. Esta película bien podría haber estado firmada por Billy Wilder o Ernst Lubitsch y eso son palabras mayores. Magistral guión y magistral manejo de la puesta en escena en un maravilloso blanco y negro anamórfico.



LOS CAMARADAS (1963)
En este caso Monicelli se aleja del cine de género y se acerca más al terreno del Neorrealismo italiano, pero el escenario no es la posguerra; sino que viajamos hasta un Torino finisecular para encontrarnos con las primeras luchas por conseguir mejores condiciones de trabajo en la incipiente industria italiana. Lo mejor de este filme, incluyendo la excepcional fotografía en blanco y negro del maestro Giuseppe Rotunno (nada menos que el responsable de la imagen de El Gatopardo y Rocco y sus hermanos de Luchino Visconti; Amarcord, Roma o Casanova de Fellini o, debilidad mía, El barón de Munchausen de Terry Gilliam), es que no cae en un paternalismo fácil con los trabajadores; sino que muestra con simpatía hacia su causa, pero con cierto distancianmiento, como la huelga les va conduciendo a una situación de miseria no solo económica, sino también moral. El mensaje de la película, así vista, es más subversivo de lo que puede parecer: no hay nada bello ni admirable en la pobreza, como los católicos nos han querido vender desde hace ya demasiados siglos, añadiría yo. Destaca, entre un reparto coral de magníficos y creíbles secundarios, la presencia de un, como casi siempre, espléndido Marcelo Mastroiani interpretando a un bondadoso profesor muerto de hambre que bien podría haber salido de una novela picaresca española y que es el que lleva la voz cantante en cuanto a la ideología marxista que impregna el filme. Como dato curioso, señalar la presencia de una jovencísima Rafaela Carrá.

11 noviembre, 2008

EL VÍDEO MATÓ A LA ESTRELLA DE LA RADIO: VETERANOS DESPISTADOS

Que los 80 fue una mala época para los roqueros clásicos que habían alcanzado su cénit creativo en los 70 es una verdad irrefutable. Y aquí está la prueba:



Por fortuna, algunos se adaptaron mejor a los nuevos tiempos que otros. Por algo le apodaron el camaleón.

02 noviembre, 2008

EL VÍDEO MATÓ A LA ESTRELLA DE LA RADIO: LOS 80



Hoy inicio una serie de posts dedicados a repasar esa década que está tan de moda. A los que ahora pasamos de los 30 nos criaron para ser consumistas y los vendedores de música, películas y ropa están recogiendo los beneficios de la jugada. La nostalgia vende.




Creo que hacer una selección de algunos de los vídeos musicales más representativos de entonces es la forma adecuada de hacer ese repaso, ya que nos permite fijar el objetivo tanto en la música como en la estética. Por supuesto, reinará la subjetividad más absoluta, pero espero no caer en esa ñoñería nostálgica que tanto aborrezco.





Empezaremos con el vídeo de la canción que da título a esta serie, que es como empezar por el principio, ya que ostenta el record de ser el primer vídeo emitido por la cadena MTV el 1 de agosto de 1981. El grupo británico The Buggles, como tantos otros, gozó de una fama efímera, solo sacaron dos álbumes en tres años antes de separarse, pero con Video killed the radio star alcanzaron el Nº 1 en todas las listas, cuando eso todavía significaba algo. El líder de la banda, Trevor Horn, adquirió posteriormente una cierta notoriedad como productor de la época dorada de Pet Shop Boys, entre otros, y como componente de Frankie Goes to Hollywood y The Art of Noise. Su aportación, por tanto, al sonido techno caraterístico de aquella época fue decisiva. El vídeo no tiene desperdicio, dirigido por Russell Mulcahy (¿les suena?, sí, es el de Los inmortales. Fue pionero, aunque no uno de los ejemplos más ilustres, entre los directores de vídeoclips que posteriormente darían el salto al cine), debió dejar una profunda huella en Michel Gondry porque remite de forma irremisible a su estética. Les dejo con él.



CRÍTICAS A CASCOPORRO

Ahora que todavía estamos con la resaca post Halloween, les voy a advertir sobre dos auténticos horrores que he tenido la desgracia de vivir en el cine últimamente.







SANTOS (Nicolás López)

La sensación que uno tiene al salir del cine después de haber visto Santos es similar a la que se tendría de haberle pagado 5 euros al mejor pateador de rugby del mundo a cambio de que te propinara una patada en los mismísimos, cogiendo carrerilla y con botas de punta metálica. El responsable de este desaguisado debio pensar que como es una historia fantástica, basada en el mundo de los cómics y de mucho cachondeo valía cualquier cosa y se dedica a castigar las meninges del personal con tal retahíla de gilipolleces que ni el Aznar más inspirado podría superarla. De los actores, el único que parece saber donde se ha metido es Guillermo Toledo, que pone voz de mal doblador de serie Z, justo de lo que se trata. Pretenden hacernos creer que Javier Gutiérrez se liga a Elsa Pataky no por su atractivo físico (algo evidente, no es por ofender), sino por su gracia, su talento y su carisma, pero el personaje protagonista es tan patético que hasta la Madre Teresa de Calcuta habría tenido que hacer de tripas corazón para apiadarse de él.





WANTED (Timur Bekmambetov)

Wanted, a diferencia de Santos, venía precedida de un cierto halo de prestigio debido a que su origen se encuentra en la obra de uno de los más aclamados historietistas actuales: Mark Millar. Pues vale, desconozco la obra de Millar, de lo cual no me siento orgulloso, pero la película no me parece más que un pastiche de Matrix, El club de la lucha y Minority Report realizado por un deficiente mental. Porque vamos a ver que yo me aclare: ¿por qué coño el gilipollas del protagonista (un correcto James McAvoy) tarda tanto en darse cuenta de que se ha metido en una especie de secta constituida por asesinos de ideología descaradamente fascista? Pero bueno, aceptemos que el protagonista es tan pringao que no se da cuenta de algo que cualquier espectador con sentido común notará enseguida. Mas no termina ahí la cosa, sino que tras un durísimo entrenamiento cuya meta final consiste en aprender a disparar balas con efecto (sí, como si fuera un lanzamiento de falta realizado por David Beckham, pero con pistola, una chorrada como otra cualquiera), le engañan (otra vez) para que finalmente acabe matando nada menos que a su padre, a la postre el verdadero bueno de la historia (en un pedestre y tramposo giro final que me permito desvelar como pequeña venganza personal). Total, que al final el aprendiz, cuando se da cuenta de que en realidad le han utilizado para matar a su padre, se volverá contra los que le enseñaron a disparar balas con efecto ayudado por Angelina Jolie, otra que se cae del guindo y se da cuenta de que los de la secta a la que pertenece son muy malos. Esta última se revela con un lanzamiento de bala que describe un giro de 360º, con el cual mata a casi todos los miembros de la secta y se suicida ella misma. ¡Lo juro! Tras este record guinness de la estupidez, solo queda la guinda final en la que James McAvoy, ya convertido en un experto lanzador de balas con efecto, tirabuzones y doble pirueta hacia atrás invertida, mata al jefazo de la secta, Morgan Freeman (ay), y toma las riendas de su vida. Para entonces, ya es demasiado tarde, ¿qué más da?

30 octubre, 2008

ESPECIAL HALLOWEEN: COSAS QUE DAN CANGUI DE VERDAD II

No voy a decir eso de que el envejecimiento natural es algo bello porque suena a libro de autoayuda, pero desde luego resulta mucho más agradable ver a una mujer madura con sus arrugas de expresión, sus ojeras y demás que a esos engendros cuyos rostros aparecen deformados por la cirugía estética y el bótox. Aquí les dejo dos ejemplos especialmente sangrantes para mí porque se trata de dos actrices que con los años han pasado de parecerme tremendamente atractivas a producirme grima.




MEG RYAN


ANTES






DESPUÉS






NICOLE KIDMAN

ANTES







DESPUÉS

28 octubre, 2008

ESPECIAL HALLOWEEN: COSAS QUE DAN CANGUI DE VERDAD


Sissy Spacek estaba magnífica en Carrie, pero hasta hace poco no se ha sabido nada de los crueles métodos que Brian de Palma empleó para motivar a la protagonista de una de sus mejores películas. El director de Carlito's Way proyectaba ante sus ojos imágenes que la aterrorizaban y que, según ella misma declara, todavía hoy le provocan pesadillas. ¿Cuáles eran esas imágenes inenarrables? Pues eso es lo que recientemente ha salido a la luz. Les recomiendo que no las vean por la noche y menos aún si están solos en casa, luego no digan que no les avisé. Aquí las tienen:


22 octubre, 2008

PLACERES (NO TAN) CULPABLES

Los anglosajones, que nos llevan muchos años de adelanto en esto del frikismo, llaman guilty pleasures, literalmente traducido: placeres culpables, a esas debilidades inconfesables que nos causan placer, aunque vayan contra nuestro criterio habitual. He observado que se trata de una práctica habitual de todo bloguero confesar algunos de estos placeres vergonzosos y, como yo no lo había hecho nunca, pues me he puesto a ello. Les ruego que sean ustedes piadosos conmigo y recuerden que está bien tener debilidades, eso nos hace humanos, lo que estaría mal sería tener solo debilidades, eso nos convertiría en débiles mentales.

UN CANTAUTOR:



Gilbert O’Sullivan

Podría haber elegido a las padres de todos los placeres culpables, ABBA, porque me gustan mucho unas cuantas de sus canciones. También podría haber mencionado a los Bee-Gees porque creo que Staying alive es una gran canción y, en general, la banda sonora de Fiebre del sábado noche me parece genial (no así la película), pero, si tengo que elegir a un cantautor estigmatizado por su fama de no apto para diabéticos, me quedo con Gilbert O’Sullivan y, particularmente, con tres de sus canciones, que para mí están entre las mejores que nadie haya compuesto jamás: Clair, Alone again, naturally y, por supuesto, What’s in a kiss. Hay quien reniega de la carrera en solitario de Paul McCartney por cursi, así que no digamos ya de quien mejor supo emular el meloso estilo del de Liverpool, pero a mí me da igual, esas tres canciones me siguen poniendo la piel de gallina y, si a mí me gustan, por algo será.





UNA PELÍCULA:



SONRISAS Y LÁGRIMAS

El placer que me produce ver una película como The Sound of Music (el menos empalagoso título original) es algo más misterioso porque, para empezar, está protagonizada por una actriz tan relamida como Julie Andrews, que me da cosica, y, para continuar, va acompañada de un grupo de abofeteables y repelentes niños. Sin embargo, el filme se acaba haciendo simpático gracias a la vigorosa realización de uno de los grandes artesanos de Hollywood, Robert Wise, así como por su clara filiación antifascista y, por qué no decirlo, gracias a un inspiradísimo grupo de canciones, entre las que destaca con luz propia My favourite things. Es imprescindible verla en versión original porque el doblaje de las canciones en la versión doblada es absolutamente delirante, especialmente en el tema Do-Re-Mi-Fa. Recuerden, si no, el incognoscible resultado:

















UNA CANTAUTORA




Julieta Venegas

No es que sea un fan incondicional de esta chica ni nada, pero, a pesar de que ese boom de lo latino del que tanto se habla me parece una plaga musical a extinguir, la exitosa cantautora mejicana me parece de lo poco salvable que se puede extraer de la etapa más oscura para la música popular juvenil que se recuerda desde que Elvis empezara a menear las caderas. Quiero que se me entienda, creo que la tradición musical sudamericana es muy rica y ha dado al mundo alguno de los más grandes compositores, músicos y cantantes del Siglo XX (Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, Ernesto Lecuona, Bebo Valdés, Ibrahim Ferrer, etcetera), pero la moda que actualmente padecemos se debe a una serie de caraduras que enarbolan la bandera de lo latino, cuando no hacen más que reducirlo a una mera etiqueta comercial a base de simplificar hasta caer en la subnormalidad profunda los esquemas genéricos asentados por tan ilustres antepasados y contemporáneos. Vayamos a por Juanes, sigamos con Maná, si nos tropecemos con Bisbal y demás triunfitos, algo se llevarán, hostiemos a Luis Miguel, pateemos a Mark Anthony, violemos a Thalia, Jennifer López. y Shakira ¡A las barricadas, amigos, queremos la cabeza de Santana colgando de lo alto de un pino!

Bueno, para calmarnos de estos arrebatos verbeneros, tenemos a esta reina del pop de 37 años, que no aparenta en absoluto. Por cierto, hablando de cantautores latinos, tampoco está mal Jorge Drexler y eso sí que me duele decirlo porque es el tío que se cepilla a Leonor Watling y el futuro padre de su hijo. Abajo les dejo el vídeo de Lento, que le ha gustado hasta al mismísimo Prince, eso cuentan en el País Semanal de esta semana.


















UNA SERIE



LAS CHICAS GILMORE

Vivimos en la época dorada de la televisión. Todo el mundo habla de Los Soprano, de The Wire, de Perdidos, de A dos metros bajo tierra, de Mad Men… y yo ¡enganchado a LAS CHICAS GILMORE! Vale, la serie es un poco piji-ñoña a veces, pero posee unos diálogos tan ingeniosos que para mí resulta absolutamente irresistible. Se puede decir que es una versión algo dulcificada de la mítica Doctor en Alaska por aquello del pueblo idílico plagado de personajes excéntricos, pero posee casi tanto encanto como aquella. Además, la pareja madre-hija que forman Lorelai (Lauren Graham) y Rory Gilmore (Alexis Bledel) genera un conflicto en el espectador que se repite episodio tras episodio: tratar de dilucidar cuál de las dos está más buena; si (me) tengo que mojar me quedo con la madre, es la mujer del mundo a la que mejor le sientan los vaqueros (hay 7 temporadas completas que lo prueban, si es que consideran algo exagerada esta afirmación). Es lamentable, lo sé, estoy enamorado (otra vez) de un personaje de ficción, lo cual resulta todavía más irreal que estar enamorado de una actriz, pero es así, personaje y físico ya me resultan indisolubles. Hay un detalle que ya me hizo caer definitivamente rendido a sus pies: que se declare musicalmente anglófila, que sea fan de The Clash o de The Smiths, que sea capaz de soltar frases en tono despectivo como “eso suena demasiado americano” y que haya sido capaz de inculcarle tan sabias enseñanzas a su hija, lo cual (ay) contrasta con la banda sonora folky-light de la serie, el punto más flojo de la misma junto al insoportable careto post-rebelde-sin-causa de ese héroe de pacotilla llamado Millo Ventimiglia. Bueno, hasta eso tiene gracia, nos reímos de él. Tengo que reconocer que yo la empecé a ver a regañadientes y por la insistencia de mi chica, pero ahora se lo agradezco.

03 octubre, 2008

GAUDÍ WOODY BARCELONA: "VICKY CRISTINA BARCELONA" (Woody Allen)

Algún día haré una lista de aquellas películas cuyo absurdo título tira para atrás pero que una vez vistas uno sale diciendo: “es mucho mejor de lo que parecía”. Vicky Cristina Barcelona podría ocupar perfectamente el primer puesto de esa lista porque (¡descorchemos el champán!) nos devuelve al mejor Woody Allen; es decir, el que es capaz de meternos como una ligera comedia de enredo, lo que en realidad es una amarga reflexión sobre las relaciones de pareja y lo inasible de la felicidad. El espíritu de Bergman, Rohmer y Truffaut (la referencia al trío de Jules et Jim es quizá la más explicita) pulula por la pantalla con una naturalidad pasmosa, dejando en el paladar el sabor al mejor cine europeo.




Y, como no, los personajes femeninos conducen la función: la chica que sabe perfectamente lo que quiere debe renunciar a ciertos placeres para alcanzar las metas que se ha propuesto en la vida, mientras que la que no sabe lo que quiere, pero sí lo que no quiere, está condenada a ser la eterna insatisfecha. Vicky (Rebecca Hall, todo un descubrimiento) y Cristina (Scarlett Johansson, estupenda físicamente y mejor que nunca como actriz) representan esos dos extremos, mientras que Juan Antonio (Javier Bardem), tras una traumática relación con María Elena (Penélope Cruz), intenta hallar el ansiado equilibrio, lo cual, paradójicamente, desencadena el conflicto, el caos. Al final, lo que Woody Allen viene a decirnos es que todo depende de la suerte, ya que encontrar a ese compañero ideal que nos satisfaga por completo es tan difícil como pasear por Barcelona y no toparse con algo diseñado por Gaudí.





Se dice que el director neoyorkino por excelencia muestra una Barcelona turística, nada realista, sin darse cuenta de que es lo mismo que hace al mostrar Nueva York, convertirlo en un entorno mítico en el que situar a sus personajes. ¿O es que alguien se cree que el ciudadano medio de Nueva York tiene un amplio apartamento frente a Central Park o se pasa el día yendo al psiquiatra, al teatro, al cine, a clubes de Jazz, a la ópera y a los mejores restaurantes de la ciudad como sucede en las películas de Allen? De hecho, los pocos planos que aparecen de Nueva York en Vicky Cristina Barcelona son muy significativos porque muestra esa otra parte de la ciudad que suele obviar en sus películas, la más urbanística y ruidosa. En este caso era necesario para sugerir el tipo de vida que le espera junto a su prometido a Vicky, en contraste con la apacible y soleada Barcelona. Además, al fin y al cabo, las protagonistas son turistas, con lo cual situar la acción en los típicos destinos turísticos de la capital catalana está plenamente justificado.

Si no fuera por una realización un tanto plana y por la ausencia de diálogos realmente ingeniosos, estaríamos hablando de una de las grandes películas del maestro de las gafas de pasta.

¡Mierda, Scarlett estuvo aquí una semana después que yo!

28 septiembre, 2008

LA VOZ DE PAUL NEWMAN


Hoy se va a hablar mucho, y con razón, de los ojos de Paul Newman, de su apostura, de su sentido de la filantropía, de su amor por la velocidad, de su fidelidad a Joane Woodward, de su brillante carrera... Pero a mí me gustaría destacar algo que, en un país donde prevalece el doblaje, suele pasar desapercibido para la mayoría: su voz. Y es que, en mi opinión, se trata de una de las grandes voces de la historia del cine. Profunda, viril y repleta de matices, la voz de Paul Newman era como la guinda del pastel: ¿cómo se puede tener ese aspecto y además ser dueño de una voz que te dejaba totalmente rendido a sus pies en cuanto la oías? ¡Qué abusón! Y ahí daba igual que fueras hombre o mujer, el carisma no entiende de géneros. Era, por tanto, un actor superdotado, mejor cuanto más se olvidó de las lecciones del Actor’s Studio.


De entre todos los grandes momentos de su carrera he elegido su alocución final frente al jurado en la magistral Veredicto final (Sydney Lumet) porque, igual que otros muchos, la considero su mejor interpretación. ¿Es también su mejor película? Yo le otorgaría ese honor a El buscavidas (Robert Rossen). ¿El director que mejor ha sabido explotar su carisma? Sin duda, George Roy Hill, que le dirigió en tres de los grandes éxitos de su carrera: Dos hombres y un destino, El golpe y la menos conocida, pero no menos mítica, El castañazo. Tampoco conviene olvidar la legendaria La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg), con esa ingesta masiva de huevos duros, y dos estupendos filmes de Robert Benton que sirvieron para demostrar eso de que el que tuvo retuvo: Ni un pelo de tonto y Al caer el sol.

Les dejo con Frank Galvin, ese trágico personaje tan mametiano que está dispuesto a perderlo todo con tal de mantener su honestidad.



24 septiembre, 2008

IMPRIME LA LEYENDA



El estreno del excelente filme El tren de las 3:10, primorosamente dirigido por James Mangold y mejor interpretado por Russell Crowe y Christian Bale, me sirve como excusa perfecta para cumplir una promesa que hice hace meses: realizar una lista con mis 10 westerns favoritos.



A modo de introducción he seleccionado algunos extractos de una entrevista con James Mangold publicada en el número de Noviembre de 2007 de la revista Dirigido por… (hay que tener en cuenta que el filme nos llega con un año de retraso, de ahí que esta publicación se hiciera eco de él con tanta antelación) porque me parece que el director de Identity (nada que ver con el apestoso enjendro televisivo) expresa a la perfección lo que define y hace grande un género como el western. Como todo buen narrador, demuestra un gran conocimiento de los géneros cinematográficos y, más en concreto, de éste que hoy nos ocupa.



“…no necesitaba ver a Russell en un western para saber que iba a poder hacer esta película, porque para mí Gladiador es, a su manera, un western. Hay otras películas que podrían pasar por ser un western, pero que en el fondo no lo son, como Brokeback Mountain, que a mi juicio es una historia de amor y no un western. Pensar que una película es un western porque tiene sombreros, caballos y ovejas es completamente erróneo. Lo que el género significa y lo que el género ha terminado significando no tiene nada que ver con esa película. Tenía mucho más en común con Love Story que con Río Grande”.


“-¿Cuáles son tus westerns favoritos?
-El fuera de la ley (Clint Eastwood), sin ninguna duda, y, por supuesto, la original El tren de las 3:10 (Delmer Daves). Hay muchas películas que están a la misma altura de estas dos, como Raíces Profundas (George Stevens), Hasta que llegó su hora y todas las otras de Sergio Leone. Me parece que hay muchos westerns maravillosos. Soy un gran admirador de John Wayne, un actor al que creo que no se le ha hecho justicia. He visto todas sus películas. En el caso de nuestro film, usamos mucho Hasta que llegó su hora. Si usaras una analogía musical podrías decir que el rock and roll puede haber surgido de Estados Unidos pero luego los ingleses hicieron algo muy estimulante con eso, y a partir de entonces el rock ha dado la vuelta al mundo siendo reinventado a cada rato. Lo que ocurrió en Italia con los westerns es muy importante y es parte de lo que hace tanto que no vemos en este país cuando se habla de este género. Creo que no hemos vuelto a usar algunas de las cosas que los italianos desarrollaron. Aquí se han olvidado de todo el sentimiento que tenían esas películas, lo que las volvía magníficas. De lo único que nos acordamos es de las tomas artificiosas y los momentos delirantes, pero no reconocemos lo que los spaghetti westerns aportaron en términos cinematográficos. En cualquier caso, la mejor lección para mí fue poder pensar en el Oeste no como un drama histórico, porque creo que esa manera de entenderlo es lo que terminó con el western. Para la mayoría de la gente el western se convirtió en un tipo más de película de época, en lugar de lo que para mí es, un género cercano a la ciencia ficción. Es un territorio totalmente místico. Si lo analizas históricamente, hubo alrededor de seis o siete años en el Lejano Oeste en que realmente las circunstancias eran como las pintan en las películas. Fue el momento en que la Revolución Industrial empuja con todas sus fuerzas su noción de frontera, cuando concluye la Guerra de Secesión y aparecen los colonos con un espíritu empresario único, todo mezclado con el miedo a la persecución religiosa. En medio de ese contexto, las grandes empresas ya empezaban a presionar a los dueños de pequeños negocios, generando un conflicto explosivo. Todo esto se dio en ese momento histórico, condimentado por la ansiedad que generaba todo ese movimiento en Estados Unidos como nación. Sin embargo los spaghetti westerns dejaron de lado todo ello. Nunca se molestaron en explicar en qué lugar específico ocurría todo esto. Jamás dijeron si era Arizona en 1876 o Nuevo México en 1824, porque, en definitiva, desde el punto de vista de una película, ¿qué importancia tiene? Preferían concentrarse en lo que era verdaderamente poderoso en esas películas, que no pasaba por preguntarse si de verdad tenían todas esas armas en ese momento histórico. Ellos supieron aprovechar este territorio mítico maravilloso que proponía el Lejano Oeste para jugar con los temas verdaderamente importantes. En lo que a mí respecta, no me interesan las películas más comunes en donde todo pasa por lo histórico y donde la vajilla y la porcelana se corresponden cuidadosamente con lo que se usaba en esa época. De eso no trataban los westerns para mí…”.


En cuanto a mí, el proceso de selección ha resultado ser tan doloroso que me ha sido imposible poner las películas por orden de preferencia, así que he optado por el más sencillo método del orden cronológico. Por ello, me he dado cuenta a posteriori de que la película más antigua que he elegido es del año 1950, que 4 de las 10 películas pertenecen, precisamente, a esa década y otras 5 a la década siguiente. No creo que sea casual, entre las décadas de los 50' y los 60' coincidieron una serie de grandes directores clásicos en su etapa de madurez con los miembros de una nueva generación de cineastas que iba a aportar sangre fresca y nuevos bríos al western y al cine americano en general. Lo más difícil ha sido elegir un solo filme de aquellos directores que, en mi opinión, más han contribuido a enriquecer el género: John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, Sam Peckimpah, Clint Eastwood y Sergio Leone. Sin más dilación, comencemos este viaje hacia atrás en el tiempo por el género cinematográfico que todo gran narrador debería abordar alguna vez:

SIN PERDÓN (1992, Clint Eastwood)

GRUPO SALVAJE (1969, Sam Peckimpah)

DOS HOMBRES Y UN DESTINO (1969, George Roy Hill)

HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (1968, Sergio Leone)

EL DORADO (1967, Howard Hawks)

CENTAUROS DEL DESIERTO (1956, John Ford)

VERACRUZ (1954, Robert Aldrich)

JOHNNY GUITAR (1954, Nicholas Ray)

RAÍCES PROFUNDAS (1953, George Stevens)

WINCHESTER 73 (1950, Anthony Mann)

18 septiembre, 2008

EL VÍDEO "CENSURADO" DE FATBOY SLIM

Últimamente no he tenido tiempo para escribir nada, así que me ha venido de perlas descubrir este desternillante vídeo realizado por el hasta ahora desconocido para mí Nick Schofield para el nuevo single de Fatboy Slim titulado Toe Jam. La canción no está nada mal. El ex bajista de Housemartins, antes conocido como Norman Cook, ha querido recuperar el estilo vitalista de los añorados Talking Heads y para ello ha contado con la impagable colaboración como vocalista del mismísimo David Byrne.

Les dejo con este gag visual de 3 minutos y pico. Después de verlo, entenderán porqué se dice que la censura, a veces, puede ser creativa.


08 septiembre, 2008

VENECIA SIN MÍ... Y SE ACABÓ

Ya sé que les prometí que haría un seguimiento del Festival de Venecia, pero vaya semanita que me han dado los jodidos profesores con el principio de curso. Me entran ganas de cantarles: "Hey, teachers, leave our kids alone. All you know is just a-nother brick in the wall". Y es que este mes de Septiembre ya no parezco ni funcionario interino, ni de carrera ni nada de nada porque en el trabajo no hago otra cosa que "de trabajal y de trabajal" (si me permiten estos arrebatos gomaespumeros).


Al menos, les dejo con Carlos Boyero teniéndosela que envainar ante el talento demostrado por Darren Aronofsky (rebautizado como Aronfosky en el Telediario nocturno de Telecinco y de otras formas que no recuerdo en otros sitios) en The Wrestler, después de haber dicho que le consideraba un moderno en el peor sentido del término. Estuve pensando cuál puede ser el peor sentido del término "moderno", pero creo que hay que ser tan carca como Boyero para entenderlo, así que he desistido.

Aquí está la crónica del día del estreno de The Wrestler y


aquí está la crónica ya con el Palmarés sobre la mesa


Darren Aronofsky gana en Venecia y, encima, lo puede celebrar junto a Rachel Weisz, su mujer. ¡Qué injusto es el mundo, amigos!, unos tanto y otros tan poco.


02 septiembre, 2008

FELIZ CUMPLEAÑOS VIEJUNO

Una de las cosas buenas que tiene cumplir años, sobre todo para alguien que escribe, es que vas teniendo un pasado, un background, como dirían los hijos de la Gran Bretaña. Ese pasado no tiene porqué ser ilustre, mi disco duro está plagado, por ejemplo, de basura televisiva. Quizá el personaje de ficción con el que más me he sentido identificado en mi vida sea el protagonista de la mítica serie Sigue soñando. Por suerte, la memoria humana es selectiva y acaba poniendo cada cosa en su lugar... hasta que llegó internet y, más concretamente, Youtube. Gracias a esa herramienta del diablo hoy podemos volver a disfrutar de esas cosas que, gracias a milenios de evolución, nuestro avanzado cerebro había olvidado. Más que una revolución, Youtube constituye, por tanto, una involución y es por ello, quizá, que al placer que nos produce rescatar deleznables documentos pertenecientes a nuestro pasado recibe el acertado nombre de "placeres culpables". Si, además, te criaste en la década hortera por excelencia, los 80', el sentimiento de culpabilidad puede alcanzar dimensiones bíblicas.
Vean, si no, este vídeo de Parchís que me ha dado por buscar hoy, día de mi trigésimoquinto aniversario (lo digo así, como dejándolo caer, para despistar).




Debe ser verdad eso de que todos somos el niño que fuimos porque les aseguro que todavía se me remueve algo por dentro cuando contemplo estas imágenes. Y es que Parchís eran muy grandes, ¡qué coño! Al menos, eso pensaba yo cuando tenía menos de 10 años.

31 agosto, 2008

ALTA TECNOLOGÍA ARTESANAL: "THE CLONE WARS" (Dave Filoni)


Para empezar, quién mejor que el mismísimo George Lucas para explicar los objetivos que perseguía con la realización de Star Wars: The Clone Wars.

Pinchar aquí para ver entrevista subtitulada



La verdad es que yo no tenía muchas esperanzas depositadas en este nuevo proyecto ligado al universo Star Wars. Un tráiler bastante chapucero y la amenazante sensación de ya visto producida por el hecho de situar la acción en el mismo entorno donde ya se había desarrollado la estupenda serie de dibujos animados de idéntico título, constituían unos antecedentes desalentadores. Más que nunca, parecía que estábamos ante una nueva forma de sacar la pasta a los numerosos fans incondicionales de la saga galáctica. No seamos ingenuos, algo de eso hay, por supuesto, pero, una vez visto el resultado final, no cabe más que reconocer que nos hayamos ante un film de animación computerizada que poco tiene que envidiar en calidad técnica y cinematográfica a los prodigios facturados por los maestros de la Pixar, el gran referente actual en este terreno. Ese es el motivo por el que quería traer a colación las declaraciones de George Lucas. Puede que todo lo que dice a muchos les suene a excusas para teñir de vocación artesanal lo que no son más que ambiciones pecuniarias, pero es que todo ese cariño expresado en la entrevista por la animación tradicional y ese ansia por dotar al proyecto The Clone Wars de entidad cinematográfica están ahí ante los ojos de quien quiera verlo y eso acaba calando en el espectador; al menos, en el que esto suscribe.





El argumento no es gran cosa y no aporta nada a la historia ya conocida, pero tampoco resta, ya que, ante todo, subyace un enorme respeto por el universo y los personajes en quienes se inspira. Digamos que se trata de una nueva aventura en un entorno reconocible. El principio resulta un tanto chocante por la estética retro elegida. Los personajes están tan estilizados que parecen marionetas en movimiento; algo totalmente premeditado, según deducimos de la entrevista, y que se revela como un gran acierto, ya que no hay que olvidar que estamos ante un filme de animación en el que la expresividad tiene más que ver con el estilo, como en un cuadro. Como bien dice Lucas: “los actores hacen mejor de personas de verdad que los animadores”. Robert Zemeckis debería tomar buena nota de este simple y, por ello, sabio aserto.


Por otro lado, uno esperaba el típico principio de toda la saga con la música de John Williams a todo trapo y las letras sobreimpresionadas situando la acción. Aquí son sustituidos por una versión no muy conseguida del famoso tema original de Williams y una voz en off al estilo de los seriales animados de los 50’ y 60’, mencionados por Lucas en la entrevista. A mí me recordó a Super Ratón, concretamente, pero cada uno puede poner sus propios recuerdos. Se ha sacrificado la fidelidad al modelo Star Wars en favor de la coherencia con los referentes provenientes del mundo de la animación y eso no me parece criticable, ya que se ha tomado la opción menos convencional.

Por último, solo me queda añadir que habrá que anotarse el nombre de Dave Filoni y su equipo como hombres a tener muy en cuenta en el mundo de la animación moderna. Achacarle todo el mérito de la operación a George Lucas habría sido muy injusto.

28 agosto, 2008

VENECIA SIN MÍ


Ayer se produjo la inauguración del Festival de Venecia y, aunque yo no puedo estar allí porque las humedades de esa ciudad me vienen fatal para la espalda, intentaré, a partir de hoy, ir haciéndoles llegar las crónicas que me parezcan más interesantes. Fundamentalmente, yo sigo a Carlos Boyero (El País) y a Oti Rodríguez Marchante (ABC) porque, a pesar de que a veces me exasperan con sus prejuicios y sus batallitas de tipos viejunos, es a los que mejor conozco y, como ya sé de qué pie cojean, me resulta fácil filtrar sus opiniones para llevarlas a mi propio terreno. Además, después de tantos años, uno acaba cogiéndoles cariño. También solía seguir los estupendos reportajes festivaleros del programa Días de Cine, pero tengo la impresión de que sin Antonio Gasset al frente ya nada volverá a ser lo mismo. Cosas del E.R.E. que E.R.E.

Les dejo con la no muy entusiasta crónica de Boyero en torno a Burn After Reading de los Coen y la, en cambio, apasionada de Marchante acerca del mismo filme. Yo me decanto por Boyero en esta ocasión, pero, por supuesto, habrá que esperar a ver la película para confirmarlo.


Pinchar aquí para leer la crónica de Marchante

Pinchar aquí para leer la crónica de Boyero

27 agosto, 2008

HIMNO POP


HOY: Buddy Holly
INTÉRPRETE: Weezer
DIRECTOR DEL VÍDEO: Spike Jonze

De entre todas mis canciones favoritas las más favoritas son aquellas capaces de levantarme el ánimo en cuanto las escucho. Fusión perfecta entre el surf-pop de los 60, el rock’n’roll de los 50 y el indie-rock de los 90, Buddy Holly fue compuesta por el líder de la banda angelina Weezer, Rivers Cuomo, durante el día en el que el famoso pionero del rock’n’roll que da título a la canción habría cumplido 58 años. Recordemos que Buddy Holly falleció con tan solo 23 años en un trágico accidente de avión el 3 de Febrero de 1959 en el que también perdió la vida Ritchie Valens, otro mítico rockero de origen hispano interpretado por esa estrella de serie Z llamada Lou Diamond Phillips en el biopic La Bamba, filme totalmente olvidable a excepción de las estupendas recreaciones musicales interpretadas por Los Lobos. Al cantante de las gafas de pasta, de quien Elvis Costello tomó su estética retro (ahora los guays dicen vintage), le debemos temazos como That’ll be the day, Peggy Sue o Peggy Sue got married, estos últimos inspiraron la minusvalorada película de Francis Ford Coppola.




Como ven, la cosa tiene su historia, pero la guinda la puso Spike Jonze con un vídeo en el que consiguió una desternillante mezcla de imágenes actuales del grupo con las de una serie estadounidense de los 70’ llamada Happy Days. Por cierto, atención al cameo de un jovencísimo y pelirrojísimo Ron Howard, cuando todavía no se le había caído el pelo por dirigir pestiños como Apolo XIII o Una mente maravillosa.


Pinchar aquí para ver vídeo

26 agosto, 2008

VIOLETAOSCUROCASINEGRO: EL CABALLERO OSCURO (Christopher Nolan)

Lo primero que cabe constatar tras el visionado del último filme de Christopher Nolan es que, salvo en el título, nada tiene que ver, como se rumoreó en su momento, con el clásico cómic de Frank Miller El regreso del caballero oscuro. De hecho, el Batman que nos presenta Nolan es opuesto al imaginado por el autor de Sin City, aunque no sería descabellado pensar que, tras treinta años de sufrir todo tipo de penalidades, acabase convertido en el envejecido, rencoroso y cínico antihéroe que proponía el reaccionario Miller. Christian Bale interpreta a un todavía joven e idealista héroe que mantiene una lucha por devolver la esperanza en la justicia a una ciudad dominada por el crimen organizado, a la vez que él mismo debe mantenerse limpio en pos de una superioridad moral sobre los enemigos a los que debe combatir. La elección del Joker y de Harvey Dent-Dos Caras como los villanos que van a poner a prueba las firmes convicciones morales adquiridas por nuestro héroe en el primer capítulo de esta saga, se revela, por lo tanto, acertadísima. Es de agradecer que en un filme de acción como el que nos ocupa se preste atención a las implicaciones éticas de todas las decisiones que adoptan los personajes; de ahí que la densidad argumental del mismo sea superior a la de cualquier otro producto de estas características, pero no conviene olvidar que estamos ante un carísimo artefacto destinado a convertirse en un blockbuster y a satisfacer, por lo tanto, las expectativas de públicos muy diversos.


Ahí radican las mayores deficiencias que se le pueden achacar. Y es que en más ocasiones de las que convienen a la credibilidad de la historia el ritmo acelerado que exige la acción hace que demasiadas cosas se den por hechas. Me refiero, por ejemplo, a la forzadísima elipsis con la que se resuelve la escena en la que el Joker aparece en la fiesta-homenaje a Harvey Dent organizada en el piso de Bruce Wayne. Éste último, ya como Batman, se lanza por la ventana a salvar de una muerte segura a su exnovia, mientras arriba ha quedado el Joker con todos los invitados como rehenes. De repente, saltamos a la siguiente escena, como si nada. Ejem, bueno, va, aceptamos que el Joker, viendo que no era su día, abandonó pacíficamente el edificio. Pero lo que sí resulta imperdonable (atención: spoiler) es que se pasa por encima de la muerte de Rachel Dawes con tal celeridad que al espectador apenas le da tiempo de digerirla (fin del spoiler). Tampoco la posterior evolución de Harvey Dent hacia el lado oscuro de la fuerza resulta del todo convincente por culpa de la atropellada evolución de los hechos. Se supone que la guinda la pone el Joker tras una conversación en el hospital, lo cual es tan inverosímil que, de nuevo, se recurre a una elipsis para dejar a la buena fe del espectador la credibilidad de lo que se cuenta. Luego dicen de George Lucas, pero él se tomó tres episodios para contar la evolución hacia el lado oscuro de Anakyn Skywalker, algo que aquí pretenden hacernos tragar en cinco minutos, y, claro, la cosa no cuela porque, lo siento por los mitificadores de Heath Ledger, pero el Joker no llega a tener la entidad en pantalla de otros grandes malos manipuladores de la historia del cine como el Senador Palpatine o Hannibal Lecter y eso se debe en parte a una sobreactuación que contrasta con las estupendas y contenidas interpretaciones de todos los demás miembros del reparto, con especial mención a Michael Caine y Morgan Freeman, la película resultaría fría como un cadáver sin ellos. Digamos que yo me decanto más por la escuela británica de interpretación y su relajación que por la norteamericana y su jodido método.




La conclusión para mí es clara: Nolan ha pretendido realizar un filme de acción espectacular sin renunciar a contar una historia de calado intelectual, pero creo que la tensión existente entre ambas pretensiones no acaba de resolverse de manera satisfactoria. Para mí es la menos buena de las películas realizadas hasta el momento por Nolan, incluyendo Batman Begins, no tiene uno de esos guiones de acero a los que ya nos había malacostumbrado. El protegido puede seguir tan ricamente disfrutando de su puesto de honor como el mejor cómic filmado de todos los tiempos. Shyamalan sí que supo renunciar a las esclavitudes propias del cine de acción para concentrarse exclusivamente en los personajes y en la historia. Todavía anda pagando el precio de semejante osadía.


25 agosto, 2008

FINALES AL ESTILO CHINO; O SEA, AGRIDULCES

Hay expresiones que, de tan manidas, acaban perdiendo el significado para el que fueron creadas. Ayer, la selección Española de baloncesto volvió a recordarnos qué significa ser el "vencedor moral".

Perdimos, pero la sensación de orgullo ante esa lección de entrega y de juego en equipo que nos dieron los chicos de oro del baloncesto español quedará para siempre en los anales. Al poco de terminar el partido, tuve la impresión de que no era la primera vez que sentía esa sensación de orgullo ante la derrota y empecé a recordar que algunas de mis películas favoritas poseen finales similares. No sé si esto servirá de consuelo a alguien, pero creo que, si lo pensamos bien, la final de ayer parecía diseñada por un gran guionista. Seguro que queda grabada en nuestra memoria con mucha más fuerza que la final del mundial que ganamos fácilmente ante Grecia.

Así que, sin más, les dejo con las primeras películas que me vinieron al caletre mientras me sumergía en estas profundas reflexiones.

1. El hombre que pudo reinar (John Huston)

2. El tesoro de Sierra Madre (John Huston)

3. Dr. Zhivago (David Lean)

4. La hija de Ryan (David Lean)

5. Los siete samuráis (Akira Kurosawa)

6. Grupo salvaje (Sam Peckimpah)

7. Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg)

8. La gran evasión (John Sturges)

9. El hombre que mató a Liberty Balance (John Ford)

Y, por supuesto:

10. Casablanca (Michael Curtiz)




Las dos primeras posiciones de la lista merecían ser ocupadas por John Huston, despótico cineasta que anteponía su sentido de la aventura a las responsabilidades propias de su profesión. Cuando podía combinar ambas cosas, surgían obras maestras como las dos que he elegido entre mis favoritas. Para Huston lo importante no es la recompensa final, sino la aventura en sí misma, de ahí la risa irónica de los antihéroes ante la adversidad.



David Lean es otro de los grandes en lo que a finales agridulces se refiere. Su especialidad eran las historias de amor efímeras. Con Breve encuentro sentó cátedra y con Dr. Zhivago y La hija de Ryan, que recientemente he tenido la oportunidad de admirar en pantalla grande gracias a la Filmoteca, alcanzó unas cotas de maestría difícilmente superables. Si el adjetivo sublime no existiera, habría que inventarlo para referirse a la obra de este gran cineasta no siempre lo suficientemente valorado por culpa de haber centrado gran parte de su obra en la realización de superproducciones y en la adaptación de importantes obras literarias.


Pocas películas habrá en la historia del cine que hayan dado lugar a versiones tan diversas como Los siete samuráis. Veamos, primero está la adaptación al western conocida por todos, Los siete magníficos (John Sturges), luego tenemos la versión infantil más o menos reconocida, Bichos (John Lasseter-Andrew Stanton), y por último está esa mezcla entre homenaje y robo descarado que es Salvar al soldado Ryan, que también tiene elementos que la emparentan con otra de las películas que forman parte de esta lista, Grupo salvaje. Todas ellas estupendas, aunque, si tengo que elegir, me quedo con la última. Salvo en la versión infantil, el final siempre es el mismo: un grupo de siete hombres se autoinmolan en una misión suicida contra un enemigo superior en fuerza, pero no en ideales y en habilidad. En Bichos no son hombres, sino bichos (valga la perogrullada), y, si no recuerdo mal, ninguno moría.



Y ya que hablamos de inmolación, volvamos a la obra maestra de Sam Peckimpah. Pero los protagonistas de Grupo salvaje son más bien cínicos, solo buscan un final a la altura de su leyenda porque, aunque no sean buenos tipos ni atiendan a altos ideales, tienen sus principios y no va a ser un vulgar cacique mexicano el que los pisotee, ¡faltaría más! Al final mueren todos, pero la arman, ¡vaya si la arman!



En La gran evasión unos pocos personajes consiguen escapar del campo de reclusión, pero a quien siempre recordaremos con un cariño especial es a ese héroe alérgico al desaliento maravillosamente compuesto por el gran Steve McQueen. Una pelota, una pared y una moto fue todo lo que este tipo necesitó para moldear a todo un icono del cine de aventuras bélicas, eso es un actor.

“Si tienes que elegir entre la realidad y la leyenda, imprime la leyenda”. Es una de las frases más famosas de la historia del cine y en ella se esconde todo el sentido de lo que fue el western clásico y de lo que más tarde se llamaría western crepuscular. Seguro que los hermanos Nolan tuvieron muy en cuenta El hombre que mató a Liberty Balance al confeccionar el guión de El caballero oscuro, aunque fuera de forma subconsciente, porque todo ese discurso acerca del héroe solitario y secreto estaba ya en la obra maestra de John Ford. Al final el verdadero héroe no llega a recibir el reconocimiento que se merece, pero precisamente en esa renuncia radica su mayor heroísmo.




Y qué decir de ese mítico final de Casablanca… pues eso, que siempre nos quedará Japón.

19 agosto, 2008

VADE RETRO, LLEGA LA TELECOMEDIA MADE IN SPAIN: "FUERA DE CARTA" (Nacho García Velilla)


¿Qué tiene más peligro que un guionista de telecomedias español? Un guionista de telecomedias español con acceso a Google. Lo digo porque los diálogos de Fuera de carta parecen escritos introduciendo la frase "chistes de maricas" en el famoso buscador para, tras una ardua selección de los peores, hacérselos soltar a un grupo de sufridos actores (buenos actores bajo circunstancias más favorables). Pero, claro, en el Siglo XXI no se puede admitir semejante carga de humor zafio, hay que parecer moderno. Entonces, el guionista, que seguramente habrá hecho un master en marketing guionístico, se dispone a dar el siguiente (y temible) paso: ¿cómo parecer moderno para contentar a un público joven que va a la última, pero sin pasarnos para no despistar a los mayores que también tienen pasta que gastarse en la entrada? Y como el guionista y director no es tonto (solo deficiente mental, por lo que tampoco nos vamos a ensañar) se le ocurren un par de respuestas: "pues introduzcamos a un protagonista gay (Javier Cámara, ay) para que así el humor, en vez de carpetovetónico, parezca políticamente incorrecto, que eso queda muy moderno, y además le vamos a dar una profesión que ahora está de lo más in: chef de un restaurante de alto standing. Así, (intento seguir el razonamiento sin sufrir daños neuronales, una operación de alto riesgo) hacemos que los chistes bestias de maricones, que previamente hemos recopilado a través de Google y que suelta ese "entrañable" personaje interpretado por Fernando Tejero y más tarde un impagable (sin comillas) Luis Varela, contenten al público más retrógrado sin ofender a los más tolerantes, que habrán visto satisfechas sus expectativas con esa trama en plan operación salida del armario. Ya está, a ver si repetimos el éxito televisivo de "Aída" sin que se moleste la Aído. Hostia, pero nos olvidamos del público adolescente. Joder, eso está chupao, le inventamos al Cámara un hijo de unos 14 años y ya está. ¿Pero el Cámara no era gay? Sí, pero es un gay con pasado hetero. Claro, claro, así ya tenemos el conflicto dramático planteado. Chúpate ésa, Almodóvar. No, si al final, lo mismo nos llevamos un Oscar de esos y to". Y así podría seguir ad eternam, pero peligra mi salud mental y la de ustedes.




Lo que han conseguido es que echemos de menos las películas del triplete Esteso - Pajares - Ozores. ¡Qué vuelvan, por favor! Y, si Pajares no está para muchos trotes, que le sustituyan por Manolo García; total, ¿quién va a notar la diferencia?



18 agosto, 2008

RETROPOSMODERNIDAD NAÏF: "REBOBINE, POR FAVOR" (Michel Gondry)


Toma expresión que me he inventado para intentar definir lo que es el cine de Michel Gondry. Por un lado es retro porque reivindica el pasado analógico, pero también es posmoderno porque retoma ese pasado reciente con espíritu juguetón y llevándolo a unas cotas de sofisticación metalingüística francamente enfermizas. Sí, sé lo que significa lo que acabo de escribir. Todo eso lo conjuga con su resistencia a abandonar la infancia y los sueños como inagotable fuente de inspiración para construir su propio mundo utópico. Vale, puede que el formato largo le venga grande, sobre todo cuando no cuenta con la ayuda de Charlie Kaufman en el guión, pero esos momentos que Gondry nos regala de vez en cuando, en este caso centrados en la improvisada factoría de películas suecadas (feliz hallazgo semántico con el que los protagonistas denominan a los remakes cutres que realizan), inclinan la balanza a su favor, a pesar de la crispación producida por ciertas salidas de tono y por lo insostenible de ciertas situaciones.

Les recomiendo que se den una vuelta por la estupenda (y, por supuesto, suecada) página web oficial de la película: www.bekindmovie.com.

03 agosto, 2008

BEN BURTT, UN GENIO A LA SOMBRA DE SPIELBERG Y LUCAS


A muchos de ustedes, sobre todo a aquellos que no acostumbran a ver los extras de los DVD's, el nombre de Ben Burtt les sonará a chino. Sin embargo, les puedo asegurar que, si escuchan algunos de los sonidos creados por este humilde artesano acostumbrado a pasar desapercibido entre la marabunta de nombres que son los créditos finales de un film, estos les resultaran tremendamente familiares. Si les digo que este señor es el oscarizado diseñador de sonido de toda la saga de Star Wars, ya les voy poniendo sobre la pista; pero, si además añado que a él le debemos la particular forma de comunicación de R2D2 a base de beeps, la respiración de Darth Vader o el ruido producido por los sables laser, empezarán a comprender porqué considero que este hombre es un verdadero genio condenado a permanecer en la sombra.



El motivo por el que hoy le traigo a colación es porque he sabido que es el responsable del sonido de la película que más ganas tengo de ver en este momento y para mí constituye un aliciente adicional. Había leído que Wall-E tenía unos 40 minutos de metraje prácticamente mudos. Ahora pienso que solo un idiota puede escribir eso, cuando Ben Burt está a los mandos de la mesa de mezclas. De cine mudo nada, atención al trabajo de este hombre cuando vean la película.



Aquí les dejo un par de ejemplos elegidos entre el montón que se pueden disfrutar en youtube (¡y sin ningún spoiler!):



17 julio, 2008

HIMNO POP



Qué mejor manera de volver a la actividad que hablando de la incansable musa de este blog. Se debió dedicar al cine porque, si se hubiera dedicado a la moda, habría salido siempre movida en las fotos. Alguna de mis maliciosas amigas dirá que cuerpo de modelo, precisamente, no tiene. Pues, ni falta que le hace; las mujeres siempre intentando derribar nuestros mitos enarbolando el Cuore cual arma arrojadiza. Todo en vano, por supuesto.

Pero he aquí que nuestra heroína desafía a sus fans a una gran prueba de fuego. ¿Podrá esta especie de mujer del Renacimiento Pop del Siglo XXI salir airosa tras enfrentarse a un disco de versiones del gran Tom Waits? Pues la respuesta, tras someterme a un lavado de cerebro para impedir que los prejuicios nublen mi buen juicio, no puede ser otra que… sí. Anywhere I lay my head es un disco definitivamente bonito que se beneficia de la ampulosa producción de Mr. Tv On The Radio, David Sitek, y de las esporádicas intervenciones como corista de otro David que, como a mí, les sonará más, Bowie. El single de presentación, Falling down, es una buena muestra de ello.



Sin embargo, la versión que más ha llamado mi atención es I don’t want to grow up, peterpanesco himno pop que Los Ramones hicieron suyo y popularizaron de cara a una generación, la mía, caracterizada por ese complejo consistente en creerse, ya que serlo es imposible, eternos adolescentes. Scarlett Johansson lo retoma ahora sin mucho sentido, dada su insultante juventud, pero me va servir para hacer uno de esos viajes por la memoria a través de las distintas versiones de una misma canción que tanto nos gustan a los melómanos.

En el principio de los tiempos fue… Tom Waits.



Los que supieron ver el potencial himnótico pop del tema fueron… Los Ramones.



Pero la que está más buena es, sin duda, Scarlett Johansson. Tanto Tom Waits, vivito y coleando, como los hermanos Ramone desde la tumba me darán la razón. Pero, por si acaso, les refrescaré la memoria.




La letra de la canción traducida se puede ver aquí.

12 julio, 2008

AL OTRO LADO DE LOS CHISTES DE FORGES



Yo apostaría a que el fijo es el de la derecha porque es el que tiene los pies sobre la mesa y yo podría ser el de la izquierda porque, sí amigos, al fin he conseguido meter la cabeza en la administración, concretamente en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. La suerte me ha deparado un puesto en Villalba, donde resido, lo cual me permite llegar andando al trabajo, algo que hasta ahora nunca había experimentado y que es como una gran liberación.



Antes tenía que coger el cercanías para llegar a Madrid y tardaba casi una hora en ir y más aún en volver. Eso significa que ahora dispondré de mucho más tiempo libre, lo cual, unido a la segunda gran noticia que tenía que darles (¡AL FIN DISFRUTO DE CONEXIÓN A INTERNET EN MI DOMICILIO!), significa que a partir de ahora la periodicidad de este blog volverá a ser la de los primeros tiempos.
PS: Sí, el de la foto soy yo, de verdad.

13 mayo, 2008

VUELVE EL HÉROE



Durante este mes se va a escribir mucho sobre la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones. El arqueólogo aventurero creado por George Lucas con la ayuda inestimable de Steven Spielberg, Lawrence Kasdan y un Tom Stoppard no acreditado en los diálogos ocupa las portadas de todas las revistas especializadas publicadas en mayo (salvo las muy sesudas “Dirigido por...” y “Cahiers du cinema”, claro). Poco más puedo aportar yo, por lo tanto, a los fans de la saga más allá de mi opinión personal.

“Indiana Jones: En busca del Arca Perdida” se estrenó en el año 1981 y yo no la vi en el cine. Es extraño como uno puede acabar teniendo nostalgia de cosas que podría haber vivido y no vivió. Yo tengo que cargar con el trauma de no haber visto ningún filme de Indiana Jones en el cine hasta que se estrenó “Indiana Jones y la Última Cruzada”. Tampoco vi “El templo maldito” cuando se estrenó en 1984. Lamento que no se les haya ocurrido reestrenar en salas las primeras aventuras de Indy para poder paliar el regomello que me ha quedado, pero al menos ahora podemos disfrutar de fantásticas ediciones en DVD y no tenemos que sufrir esas penosas ediciones fullscreen en VHS. Si al menos hubieran estado “suecadas” (para los que no hayan visto “Rebobine, por favor”, es el término que emplean para referirse a las remakes cutres que realizan los protagonistas). Por cierto, aquí tienen una versión “suecada” de Indiana Jones realizada por el mismísimo M. Night Shyamalan cuando era un joven imberbe.





Hoy quiero confesar que yo también era uno de esos locos bajitos que tarareaba la inmortal melodía creada por John Williams mientras pedaleaba sobre mi reluciente y fiel bicicross. Y puedo decir sin sonrojarme (casi) que Indy fue el primer causante de mi afición por la arqueología y la historia del arte. Vale, basta de confesiones por hoy, vamos con una pequeña revisión de los tres filmes estrenados hasta el momento.


Sin duda, “En busca del Arca Perdida” es la mejor. El arranque y la persecución a caballo están entre las secuencias de acción más brillantes de la historia del cine y ya forman parte de la memoria colectiva, la química entre Harrison Ford y Karen Allen es irrepetible (o no, ya veremos) y el talento de Spielberg para presentar a los personajes, tanto a los buenos como a los malos, es admirable. Pero lo mejor son esos fogonazos de humor o de puro slapstick insertados en plena refriega. Es lo que confiere el tono característico y un encanto especial a la saga. Mi favorito, ese en el que Indy y uno de los malos están peleando a muerte en la cabina de un camión, de repente chocan contra una especie de andamio y un tipo cae sobre el capó con un aspecto algo ridículo, Indy y el tipo malote se quedan mirando y... ¡les da la risa! Entonces, se vuelven a acordar de la pelea y siguen intentándose matar de nuevo. Me-mo-ra-ble.


“El templo maldito” cuenta con un arranque y una parte final espectaculares. Spielberg pudo saciar en parte sus ansias de rodar un musical en la apabullante secuencia de créditos, pero la absoluta falta de gracia de Kate Capshaw y, sobre todo, del incitador al infanticidio Jonathan Ke Quan empañaron en gran parte una película que solo consigue levantar el vuelo en momentos esporádicos donde Lucas y Spielberg pueden desplegar todo su ingenio para las escenas de acción. Desde luego, una vez más quedaba claro que las historias sentimentales no son su fuerte. Un enamorado Spielberg parecía incapaz de contener la histeria desatada de Kate Capshaw y eso se nota, sobre todo, en un tramo medio en el que se pretende homenajear las comedias de Lubitsch y Hawks, pero que acaba resultando algo soporífero. Filme irregular, por tanto, pero con momentos a la altura del talento de sus responsables. Mi favorito: cuando, tras haber frenado la vagoneta con las plantas de los pies, Indy empieza a gritar “¡agua, agua!” porque la necesita para calmar la quemazón y acaba gritando “¡agua, agua!” porque se les echa encima una riada. Ahí, Harrison Ford demuestra porqué es el único e indiscutible Indiana Jones imaginable.






En “La última cruzada” parecían decididos a recuperar el tono saltarín de la primera entrega y la elección de Sean Connery como padre de Indy fue un acierto absoluto. La recuperación de personajes como Sallah (John Rhys-Davies) o el Dr. Marcus Brody (Denholm Elliott), también, así como el retorno al desarrollo itinerante en diversos países y escenarios. La aparición del padre les servía como excusa ideal para adentrarse en el pasado del personaje; de ahí una estupenda secuencia inicial, plagada de ingeniosos guiños al personaje, en la que el prematuramente talentoso y fallecido River Phoenix interpretaba convincentemente (no era fácil) a un adolescente Indiana Jones. Las secuencias de acción posteriores quizá ya no eran tan buenas como las de los filmes precedentes (es difícil mantener la frescura), pero al final quedaba un buen sabor de boca y la impresión de que se trataba de un broche de oro para la trilogía... hasta ahora.


¿Y qué es lo que cabe esperar de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”? Pues, personalmente, lo espero todo porque Steven Spielberg se encuentra en uno de los momentos más dulces de toda su carrera. Una vez saciadas sus ansias de ganar el Oscar con “La lista de Schindler” y “Salvar al soldado Ryan”, se ha dedicado a hacer lo que le ha dado la gana y, casi siempre (la excepción sería “La terminal”, que tampoco es tan mala), con brillantez. Por fin ha conseguido romper esa barrera que separaba la gravedad de sus filmes “serios” de los puros divertimentos. De “La lista de Schindler” a “Parque Jurásico” media un abismo, pero “Munich” y “La guerra de los mundos” no son tan diferentes. Sus filmes “serios” han ganado en agilidad narrativa y guiños cinéfilos, mientras que sus filmes de evasión lo han hecho en densidad dramática. De hecho, ya resulta difícil separar unos de otros, prueba del equilibrio estilístico adquirido. Que estos dos últimos años se haya centrado casi en exclusiva en la realización de la nueva entrega de Indiana Jones hace augurar lo mejor. De momento, el trailer pone la piel de gallina.

PD: Con este post me despido de ustedes hasta dentro de un par de semanas. Me voy de vacaciones.

07 mayo, 2008

ESTRENOS 2008, PART V


A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO: EL MENOR DE LOS MALES (Antonio Hernández)
Antonio Hernández casi nunca decepciona, hasta en la ligeramente fallida “Oculto” quedaba en evidencia la buena mano de este hombre para el thriller y en “Los Borgia” hizo lo que pudo por eludir la etiqueta de lujoso folletín de época, algo que consiguió solo parcialmente. En “El menor de los males” vuelve a conducirnos por el terreno en el que mejor se maneja, el thriller realista con trasfondo político. Ahí están las estupendas “Lisboa” y “En la ciudad sin límites” para demostrarlo. Aquí predomina un tono de comedia negra que le va que ni pintado a una trama en la que Roberto Álvarez, bien secundado por Carmen Maura y Verónica Echequi, se luce como “respetable” político de derechas (perdón, de centro) con una adicción malsana a las amantes adolescentes. Estamos ante una pieza con fondo teatral, ya que es fundamentalmente dialogada y transcurre en un escenario único, pero Hernández consigue escapar a la sensación de teatro rodado moviendo ágilmente la cámara y prestando atención a los detalles. Las cargas de profundidad en torno a la memoria histórica y la lucha de clases dotan de calado a una obra que, gracias a su director, pasa ante los ojos con ligereza, pero da una visión de España tremendamente pesimista. Azcona ha muerto, pero alegra ver que su legado sigue vivo.


VANO RETORNO AL PASADO: REGRESO A NORMANDÍA (Nicholas Philibert)
En la estimable “Ser o tener” el documentalista galo contaba las experiencias de un profesor en una pequeña escuela de una zona rural de Francia y eso le servía para indagar a su vez en el diferente ritmo de vida que marca el contacto directo con la naturaleza y el paso de las estaciones, algo a lo que en la sociedad industrializada somos cada vez más ajenos. En esta nueva propuesta parece querer insistir en torno al mismo tema, la vida rural y su contraste con la sociedad industrializada. Para ello vuelve al lugar donde se rodó hace 30 años “Yo, Pierre Riviere, habiendo degollado a mi madre, mi hermano y mi hermana” (ya pueden deducir el argumento), en el cual intervino como técnico. Dirigida por un tal René Allio, la película narraba unos terribles hechos acaecidos a finales del Siglo XIX en la región de Normandía. Al parecer, Pierre Riviere escribió unas memorias para explicar su terrible crimen y fue uno de los primeros casos en los que la psicología jugó un importante papel durante el juicio, de ahí su importancia histórica. La cosa parece interesante, ¿no? Pues no crean porque el documental se centra en las anécdotas que cuentan las personas del pueblo que intervinieron en el filme como actores y extras y el interés de lo que cuentan es, eso, meramente anecdótico. La conclusión del filme es que el rodaje de aquella película hace 30 años en un pueblo de Normandía no tuvo apenas influencia, ni dejó huella en la población. Y la conclusión del espectador es: ¿entonces para que te pones a hacer un documental sobre ello?

EL TABÚ DE LA MUERTE: THE SAVAGES (Tamara Jenkins)
Existe vida inteligente en EEUU y, de vez en cuando, damos con una película en la que se detectan esas ganas de atacar con humor ácido las deficiencias del american way of life. “The savages” podría ser el último y notable ejemplo. Los seres humanos que nos muestra Tamara Jenkins son un poco desastre. Unos, como siempre, espléndidos Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, interpretan a dos hermanos que, aunque rondan los 40 y son gente culta, se comportan como seres inmaduros e incompletos que asumen sus fracasos sentimentales y laborales con resignación debido a su falta de autoestima. Son incapaces de tomar decisiones importantes sobre su propia vida, así que la grave enfermedad degenerativa que sufre su odiado padre les supondrá una dura prueba. La realizadora elude con buen gusto, inteligencia y afortunadas dosis de humor el fácil sentimentalismo que podría surgir de la situación. Solo se le puede achacar al filme un final excesivamente complaciente.


PUES YO CREO QUE MEJOR NO VOY: TODOS ESTAMOS INVITADOS (Manuel Gutiérrez Aragón)
La presidenta de la academia, Ángeles González Sinde, y uno de nuestros directores más prestigiosos se alían para facturar una película que podría servir para echar por la borda su reputación. El guión hace aguas por todas partes y es indigno de alguien con la supuesta experiencia de sus responsables, incluso sería impropio de cualquiera que, simplemente, viva en España. La realización en plan hacemos lo que podemos con el presupuesto que tenemos es en general deficiente y en no pocas ocasiones introduce la película en el terreno de la comedia involuntaria (¡Esa tamborrada, por Dios!). El tratamiento del conflicto vasco y de los perseguidos por ETA resulta risible a pesar de lo fácil que habría sido tocar la fibra sensible del espectador patrio tratando un tema tan cercano. Lo único que se puede salvar es la espontaneidad de Oscar Jaenada, que sortea como puede la incongruencia de su personaje, y, sobre todo, la esplendorosa presencia de Vanessa Incontrada.




28 abril, 2008

HIMNO POP




HOY: “Only you”
INTÉRPRETE: Portishead
LP: “Portishead”
DIRECTOR DEL VÍDEO: Chris Cunningham

Mañana se publica en España, tras más de 10 años de suspense, el esperadísimo tercer álbum de estudio de la banda de Bristol. Se llamará “Third” (se debieron dejar todas las neuronas en la grabación).



Con la publicación en 1994 de “Dummy”, su primer LP, Portishead dieron forma al pop del siglo XXI con un sonido en el que combinaban los scratchings, ritmos contundentes y samplers típicos del hip-hop, las melodías pop, el jazz, las big bands con cantante femenina a la cabeza, las bandas sonoras de films de terror de los años 40 y 50 y la opulencia de las bandas sonoras al estilo Bond de los 60. Massive Atack fueron el buque insignia del movimiento, pero en mi opinión las dos obras maestras que facturaron Portishead, más un portentoso directo llamado “Roseland NYC Live” en el que demostraban la honestidad de su propuesta al ser capaces de reproducir en vivo el complejo sonido que habían creado en el estudio, significaron la cumbre musical del llamado sonido Bristol (más conocido como trip hop, etiqueta que no le gusta a ninguno de sus responsables, como casi siempre). Mis preferencias se deben a que, aparte de lo infeccioso de las atmósferas creadas por Geoff Barrows y Adrian Utley para arropar la preciosa y versátil voz de Beth Gibbons, lo más importante en su obra siempre son las canciones. Al final, las emociones ganan la partida a lo que podría haber sido una vacua experimentación de laboratorio con el sonido. Como hizo Bowie en los 70, Portishead consiguieron adaptar un sonido de vanguardia al formato de canción pop.

Lo malo para ellos es que su novedoso estilo tuvo un éxito que no esperaban y acabó absorbido por el mainstreem. De repente, la música de Portishead sonaba en todos los clubes de moda y en cantidad de anuncios, lo mismo servía para una marca de helados que para una de coches o como banda sonora en películas y cortos. Incluso en España, donde siempre andamos tan despistados en cuanto a las nuevas tendencias musicales se refiere, contamos con una nada desdeñable, aunque algo edulcorada, versión del trip hop a través de Najwajean, dúo formado por la actriz Najwa Nimri y el productor y músico Carlos Jean que (casualmente) ahora se ha vuelto a unir. Parece ser que la búsqueda de un nuevo sonido es lo que ha llevado a que tardemos tanto en recibir un nuevo disco de Portishead, espera que al menos pudimos amenizar con la escucha del maravilloso disco que Beth Gibbons publicó junto al productor apodado Rustin Man (en realidad Paul Webb, antiguo bajista de Talk Talk) y que contó con la inestimable colaboración de Adrian Utley. “Machine gun”, el extrañísimo single que los británicos, ya algo viejunos, han elegido para presentar su nuevo largo, lo dice todo: nada de sonar bonito, hay que desafiar al oyente. ¿Aceptan el desafío?